Columna: Relámpagos de fuga

Yogaullido
Por Arturo Mendoza Mociño
En Yoga, como tema central, está la lucha de Emmanuel Carrère contra una profunda depresión e internamiento en un hospital psiquiátrico. Es por ello que el francés, que con el galardón del principado de Asturias se une al selecto club literario de Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Günter Grass, Susan Sontag, Margaret Atwood, John Banville y Anne Carson, ha dicho de su última obra: “‘Yoga es una especie de monstruo de Frankenstein, un autorretrato de lo que yo era entonces”

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Foto Editorial Anagrama (Libros de Emmanuel Carrère)

Yogaullido

Por Arturo Mendoza Mociño

Si la depresión es el cáncer del ánimo en nuestros días, la obra narrativa del francés Emmanuel Carrère representa desde hace varios años uno de los mejores remedios para superar el desánimo existencial.

Un par de meses antes de ser galardonado por la corte española con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2021, el pasado miércoles 9 de junio, el autor de El adversario y De vidas ajenas había dado a conocer Yoga (Anagrama), su último descenso a los infiernos personales a los que tiene tan acostumbrados a sus crecientes lectores.

Otra vez están en Yoga un estilo casi periodístico vertido en una prosa tersa, el tono coloquial del amigo que detalla secretos de su vida a media voz, todo con un ritmo endiablado que atrapa al lector desde la primera página y no lo suelta hasta la última en una aAutobiografía psíquica que, engañosamente, trata de describir esa práctica oriental que, en palabras de Carrère en la página 83, trata de “erosionar el ego, la avidez, el espíritu de conquista y competencia, de educar la conciencia para darle acceso a la realidad sin filtro, a las cosas tal como son. Puede calificarse de yoga todo aquello a lo que uno se dedica con seriedad y amor”.

Porque en Yoga, como tema central, está la lucha del autor contra una profunda depresión e internamiento en un hospital psiquiátrico. Es por ello que el francés, que con el galardón del principado de Asturias se une al selecto club literario de Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Günter Grass, Susan Sontag, Margaret Atwood, John Banville y Anne Carson, ha dicho de su última obra: “‘Yoga es una especie de monstruo de Frankenstein, un autorretrato de lo que yo era entonces”

Yoga es también la novela de cómo Carrère perdió el amor de Hélène Devynck, ahora ex esposa de Carrère y madre de su hija menor, aunque fue su compañera sentimental entre 2003 y 2018. Después de años de tener un lugar relevante en la obra de un escritor que hizo de su propia vida el material privilegiado para su literatura, tal y como se puede leer en las primeras líneas de De vidas ajenas, durante el proceso de divorcio que culminó en 2020 la periodista Devynck consiguió que la Justicia francesa avalara su pedido de no figurar más en las obras de Carrère sin su consentimiento, lo que en los hechos llevó a que su ex marido le enviara dos veces el manuscrito de Yoga para que ella señalara las partes que él debía eliminar.

“Originalmente había un relato bastante detallado de mi crisis conyugal en el que puedo certificar que para nada había ni una frase desagradable o mala. Era una historia triste y tierna, nada más”, ha dicho Carrère en su defensa en entrevistas posteriores.

“Mientras estábamos juntos, leí y edité sus manuscritos, y nuestras conversaciones y nuestra vida se alimentaron de ellos. Era un trabajo invisible y gratuito, por supuesto“, dijo Devynck en una carta pública que se dio a conocer en la revista Vanity Fair cuando apareció Yoga en francés, en agosto de 2020. “Estoy pidiendo distancia. Ya no quiero ser su objeto literario. Solo quiero existir en otro lugar”, explicó la mujer que fue más que una inspiración literaria y que terminó siendo desaparecida voluntariamente de la nueva novela de Carrère.

“Durante los años que vivimos juntos, Emmanuel podía utilizar mis palabras, mis ideas, sumergirse en mis duelos, mis penas, mi sexualidad. (…) Por haber dicho ‘sí’ en el pasado, ¿ya no podría decir ‘no’? ¿No tendría yo derecho a estar separada y ser hasta la muerte, el objeto de escritura fantaseado de mi exmarido?”, continuó en el texto en el que dijo varias cosas más, la más importante, tal vez, es que dijo que Carrère había mentido, que ni ella ni la familia reconocían los hechos del modo en que él los presentaba; dijo que, por ejemplo, Carrère no pasó, como afirma en el libro, dos meses con migrantes en la isla griega de Leros, el hogar de un antiguo hospital psiquiátrico y cárcel para presos políticos durante la dictadura del país, sino apenas “unos pocos días”.

Como ocurre en varios libros del noruego Karl Ove Knausgard, la francesa Annie Ernaux, el español Javier Cercas y el británico Philippe Sands, Carrère usa la realidad reflejada en su vida personal como cantera narrativa en una compleja amalgama de reportaje, crónica y biografía que a falta de mejor nombre se ha llamado, comercialmente, literatura de no ficción.

Sobre su originalidad literaria Carrère ha confesado:

“No me atrae la autoficción, la novela de no ficción o la llamada literatura del yo puntualmente como géneros sino que me atraen, y mucho, esos autores que, a partir de los materiales de su propia vida, construyen una obra literaria, consiguen acuñar un estilo, se sirven de hechos y personajes de la vida real -y de su vida real- para producir una nueva realidad: la de la literatura”.

Literatura o cruda realidad, Yoga gira en torno a un diagnóstico de bipolaridad, luego de un internamiento de cuatro meses que incluyó tratamiento con ketamina y electroshocks y provocó que la memoria del escritor quedara convertida en “un campo de ruinas”.

“Mi vida, que yo creía tan armoniosa, tan fortificada, tan propicia a la escritura de un ensayo risueño y sutil sobre el yoga, avanzaba en realidad hacia el desastre, que no vino a causa de circunstancias exteriores, el cáncer, un tsunami o los hermanos Kouachi1, que sin previo aviso dan una patada a la puerta y abaten a todo el mundo con kaláshnicovs. No, vino de mí. Vino de esta tendencia a la autodestrucción de la que presuntuosamente me creía curado y que se desencadenó como nunca y me expulsó para siempre de cercado.

”Dicen que no somos conscientes de haber sido felices hasta que dejamos de serlo. No es cierto, por lo que a mí respecta: a lo largo de esos diez años sabía muy bien que era feliz. Me alegraba de serlo, daba las gracias a los dioses, daba las gracias al amor, daba las gracias a mi propia sensatez y quería, en la medida en que dependiese de mí, proteger esa dicha. No dejé de quererlo a lo largo de esta crisis, pero también quería lo contrario. Quería tanto el desastre como el apaciguamiento, e incesante, insoportablemente, oscilaba de un lado al otro.

“Sabía que un amor semejante era infrecuente y que quien lo deja pasar está condenado al remordimiento y al amargo sabor del ´demasiado tarde´. Yo pensaba triunfar donde otros fracasan. No ha sido así.”

Yoga es un canto a un gran amor pero eludiéndolo a petición de ese mismo gran amor, que reafirma su autonomía con tal decisión y se desmarca de aquel que lo inmortalizo más de una vez en varios libros. En términos yoguis es como si la respiración que sana e ilumina exigiera, de pronto, dejar de ser aspirada y exhalada para ser convertida en literatura. Carrère, en su carácter de sobreviviente, a partir de este libro inquietante, sana su creación literaria que toma ahora otra nueva senda, aún más profunda y más iluminadora que las obras que le anteceden y el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2021 sólo anuncia que en su búsqueda personal entre el mal y el bien no está solo sino, solidariamente, muy acompañado de tan leído que es más allá del francés en el que se conduele, evoca y escribe.

1Los asesinos del atentado de Charlie Hebdo

Fotos: 1. La Varguardia (Emmanuel Carrère tras la ventana). 2. Agenda Uurbana Vvalencia (Emmanuel Carrère en su lecho)

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