
Con polifonías ucranianas y ritmos balcánicos, la agrupación canadiense rompió fronteras entre el escenario y el público en la Explanada de la Alhóndiga de Granaditas
El último viernes del Festival, la Explanada de la Alhóndiga de Granaditas se convirtió en una auténtica fiesta multicultural con el colectivo canadiense Lemon Bucket Orkestra, pionero del denominado punk eslavo y definido como explosivo, anárquico y carismático.
Con más de una decena de músicos e instrumentos –Stephania Woloshyn, danza, percusión y voz; Os Kar, percusión, gritos y voz; Ian Tulloch, sousafón; Nathan Dell-Vandenberg, trombón y voz; Conrad Gluch, bombardino barítono, clarinete y sopilka; Mark Marczyk, violín y voz; Max Forster, trompeta y fliscorno, y Alex Nahirny, guitarra y voz –, el grupo unió ritmos balcánicos con punk, hip-hop, jazz y polifonías ucranianas.
Además, hicieron guiños al ska mexicano, lo que detonó una fiesta de movimiento, sonido y euforia. La respuesta del público sorprendió a la agrupación, lo anterior se notó en el rostro de Mark Marczyk, quien se mantuvo en el escenario, mientras los demás bajaron para convivir con el público. En ese acomodo, se dio la última canción, aunque el público insistió en que la fiesta siguiera.
Surgida en la multicultural ciudad de Toronto, la agrupación es conocida por romper las fronteras entre el escenario y el público; a México llegó con su álbum Cuckoo (2024), el manifiesto de su identidad híbrida.
Galardonados como World Group of the Year en los Canadian Folk Music Awards y recordados por hacerse virales al improvisar un concierto en un avión en 2012, el colectivo provocó un torbellino sonoro, con lo que generó una celebración comunitaria en la fiesta cervantina.
Fotos: Isela Domínguez y Carlos Alvar.






