La Fontana di Trevi: el corazón de Roma

El espectáculo delante de mí no tenía comparación ayer, y no la tiene todavía hoy. Al superar esa esquina, se llega al corazón palpitante de Roma: la Fontana di Trevi. ¿Cómo no admirarla? ¿Cómo no enamorarse de su historia? Era un lunes por la mañana de algunos años atrás. Era un encuentro anhelado, deseado y propiciado. A esas horas de la mañana, tienes el privilegio de entablar un diálogo de tú a tú con el titán Océano, figura central de ese complejo escultórico. Una Fontana di Trevi sola para mí, sin turistas abarrotados en sus escalones. Unos pocos metros antes de llegar a esa esquina…

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“Roma, ciudad afortunada, invencible y eterna”

Tito Livio (59 a.C. – 17 d.C.)

por ANNAOLIOEPEPERONCINO 

Aún lo recuerdo como si fuera ayer. Es una de esas impresiones indelebles, que marcan para toda la vida. Y tal vez, muchos de ustedes ni siquiera concordarán conmigo… pero ya saben cómo reza el adagio: de gustibus et coloribus non est disputandum.

El itinerario era casi siempre el mismo: línea A del metro, estación San Giovanni con destino a la estación Barberini. La decadencia del moderno subsuelo romano, es inversamente proporcional a la magnificencia de lo edificado en su superficie. Es como si la Roma moderna hubiera dejado envejecer y caer a pedazos su subterráneo para contrastarlo con la belleza de una ciudad milenaria que se niega a morir; que es una ciudad y mil ciudades al mismo tiempo; que es sacra y profana, monárquica y anárquica, papista y atea, imperialista y republicana… en fin, la città eterna.

El escenario que se abría ante mis ojos al dejar el metro, era estupendo. Hacia un lado podía ver el inicio de la Via Veneto, y enseguida mi imaginación me transportaba como una máquina del tiempo, a los años dorados de la La Dolce Vita, y más reciente, a la decadencia de La Grande Bellezza. Confieso que me divertía mucho el hecho de imaginar una disputa cinematográfica, anacrónica por demás, teniendo como protagonistas a Federico Fellini y a Paolo Sorrentino sentados en alguno de esos bares que tanto atraían a los paparazzi de una época.

Bernini y el Tritone

Comencé a bajar por la Via Barberini, dejando a mi derecha la Fontana del Tritone. Es difícil pasar por ahí sin detenerse unos segundos a admirar esa extraña plaza con semejante fuente. ¿Qué hubiese sido de Roma sin un papa Urbano VIII? me preguntaba a mí misma, y sobre todo, ¿qué hubiese sido de un Urbano VIII sin un Gian Lorenzo Bernini? Ese extraño binomio sí que supo utilizar la belleza como una contundente arma de poder, de eso no me cabe la menor duda.

Fontana del Tritone en Roma
La Fontana del Tritone de Bernini

Abandonado el gran escenario, me disponía a caminar entre las pequeñas vías que sirven de atajos para evitar el tráfico contaminante y los tropiezos con los cientos de turistas que deambulan por las calles de Roma, absortos con las pantallas de sus dispositivos más que con la realidad que tienen en frente a sus propias narices. Así, unos cuantos minutos desde Via degli Avignonesi rodeando el Quirinale por detrás, pasando por Via dei Serviti hasta caer en Via in Arcione. Tenía un poco de prisa ya que mi novio (hoy mi esposo), quien en esa época era estudiante de historia y filosofía en la universidad de los jesuitas que queda allí cerca, me esperaba para desayunar antes de entrar a sus lecciones.

Todos los caminos conducen al corazón de Roma

El final de la Via del Lavatore hace esquina con la Piazza di Trevi. Les puedo asegurar que un par de metros antes de llegar a esa esquina, ya el corazón comenzaba a acelerarse. Yo sabía lo que me esperaba; sabía lo que había allí, una vez superada esa esquina. Pero cada vez que llegaba a esos pocos metros, era la misma sensación de “la primera vez” que se repetía siempre, y eso me gustaba.

El espectáculo delante de mí no tenía comparación ayer, y no la tiene todavía hoy. Al superar esa esquina, se llega al corazón palpitante de Roma: la Fontana di Trevi. ¿Cómo no admirarla? ¿Cómo no enamorarse de su historia? Era un lunes por la mañana de algunos años atrás. Era un encuentro anhelado, deseado y propiciado. A esas horas de la mañana, tienes el privilegio de entablar un diálogo de tú a tú con el titán Océano, figura central de ese complejo escultórico. Una Fontana di Trevi sola para mí, sin turistas abarrotados en sus escalones. Unos pocos metros antes de llegar a esa esquina…

La città eterna, abría un paréntesis casi interminable. Roma, me ponía en bandeja de plata esa mañana, como tantas otras, un punto histórico de encuentro entre Marco Vipsanio Agrippa, político, militar, arquitecto y yerno del primer emperador romano (y quizás uno de los más grandes que conocerá el Imperio), allá por el año 27 a.C., y tantos otros artistas, escultores y arquitectos a lo largo de muchos siglos, pero que para mí, llegó a tocar su punto más crucial con la intervención de Gian Lorenzo Bernini bajo comisión del papa Urbano VIII de la familia Barberini, si bien la Fontana di Trevi que vemos hoy en día no la podríamos considerar en su totalidad “berniniana”.

Sin embargo, mi imaginación que es inquieta, ante tanta magnificencia me llevó a contemplar la posibilidad de que dos grandes de la historia como Agrippa y Bernini coincidieran en un punto de la historia, no obstante los siglos que existieron de por medio. De que corrió mucha agua entre ambos, a lo largo de la historia, no tenemos dudas.

Acueducto Aqua Virgo, dos mil años funcionando

Si Gian Lorenzo Bernini pudo haber proyectado o intervenido tan siquiera con una cincelada en esa fuente monumental, eso solo fue posible gracias a que mil seiscientos años antes, Marco Vipsanio Agrippa había dispuesto la construcción de un acueducto que llevaría el agua hasta ese punto de la ciudad ininterrumpidamente por poco más de dos mil años… pues, por si no lo sabían, todavía hoy el acueducto de Aqua Virgo (o Acqua Vergine, como se le conoce hoy en día) sigue cumpliendo su función de inundar los corazones de quienes se detienen frente a la Fontana di Trevi.

Y ahí estaba yo, viendo cara a cara a Océano mientras atraviesa soberbio un arco del triunfo en un carruaje representado por una concha marina, el cual es llevado por dos hipocampos con actitudes diferentes: uno indómito y el otro sereno. La tradición ha querido que se les conozca como el “caballo agitado” y el “caballo plácido”, que no son otra cosa más que la representación del temperamento del los mares: unas veces enfurecidos y otras veces calmados. Sí, allí estaba yo, tratando de descifrar lo que el titán Océano me quería decir. Él, guiando y dominando a semejantes monstruos marinos de semblanzas tan disímiles.

Esa escena para mí, siempre ha sido la alegoría perfecta de la humanidad: por un lado, el “caballo plácido”, sereno y centrado, mirando hacia el frente, simboliza a la razón; y por el otro lado, está el “caballo agitado”, indomable y rebelde, muchas veces como nuestros instintos y nuestras pasiones. Con semejantes monstruos marinos, vemos a Océano, seguro de sí mismo, dominando casi con estoicismo a ambos animales.

La Fontana di Trevi en Roma
La Fontana di Trevi, el corazón de Roma

Poco a poco, comenzaban a pulular los turistas. Impenetrables grupos de personas de todos los rincones del orbe comenzaban a rodearme ensimismados en las pantallas de sus dispositivos y temiéndole siempre a la realidad, la cual solo aceptan una vez que ha sido procesada por las pantallas de sus dispositivos. El encanto de ese diálogo íntimo entre Océano y yo, entre Agrippa, Bernini, Salvi, Pannini, Urbano VIII, Clemente XII, tantos otros, y yo, comenzaba a desvanecerse hasta quedar allí suspendido en el tiempo, hasta el lunes sucesivo en el cual volvía a programar un desayuno fugaz con mi prometido.

Finalmente, quisiera decirte a ti que me lees, que si las pocas referencias que he podido ofrecer en este breve pero verídico microrrelato, te sirvieran para ubicarte en una ciudad como Roma, entonces habré perdido mi tiempo y esfuerzo.

Roma es una ciudad para perderse…

La Fontana di Trevi en Roma
La Fontana di Trevi en Roma
La Fontana di Trevi en Roma

Fuente original: https://annaolioepeperoncino.com/

Visita el sitio web https://annaolioepeperoncino.com/2020/10/08/la-fontana-di-trevi/

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