El sueño cumplido entre los lectores del regimiento de nieblas

Esas creaturas amantes del silencio que son llamados, por comodidad o con desprecio, ‘lectores’, tienen en la biblioteca que lleva el nombre del vate queretano Francisco Cervantes la concreción real del sueño de cualquier escritor: un espacio luminoso bañado a su vez con la luz de ningún ruido, salvo el ocasional que hay cuando más usuarios se suman a la grey que venera la tinta impresa sobre papel en toda biblioteca.
Pulcra, ordenada con ejemplificantes colecciones y joyas literarias, con un robusto acervo bibliográfico, la Biblioteca Pública Central Estatal Francisco Cervantes en la capital queretana se inauguró en los primeros días de abril de 2018 y en los ventosos días del presente junio del 22 aún mantiene su pátina de modernidad y funcionalidad con espacios para diferentes labores investigativas, integración escolar o, llanamente, solitarios lectores con un libro abierto de par en par.

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Por Arturo Mendoza Mociño

Esas criaturas amantes del silencio que son llamados, por comodidad o con desprecio, ‘lectores’, tienen en la biblioteca que lleva el nombre del vate queretano Francisco Cervantes la concreción real del sueño de cualquier escritor: un espacio luminoso bañado a su vez con la luz de ningún ruido, salvo el ocasional que hay cuando más usuarios se suman a la grey que venera la tinta impresa sobre papel en toda biblioteca.
Pulcra, ordenada con ejemplificantes colecciones y joyas literarias, con un robusto acervo bibliográfico, la Biblioteca Pública Central Estatal Francisco Cervantes en la capital queretana se inauguró en los primeros días de abril de 2018 y en los ventosos días del presente junio del 22 aún mantiene su pátina de modernidad y funcionalidad con espacios para diferentes labores investigativas, integración escolar o, llanamente, solitarios lectores con un libro abierto de par en par.


Por ejemplo, el 16 de junio, una veintena de policías estatales reciben cursos de actualización al tiempo que jóvenes universitarios se adentran en las páginas de sus diferentes profesiones, y otros lectores de todas las edades disfrutan de mullidos sillones en invitadores tonos naranjas su descononexión de la ruidosa realidad que tiene toda urbe moderna y lo es Querétaro con una docena de parques industriales que son un imán de empleos y migrantes en busca de una nueva vida.
Agrada y estimula su ensimismamiento, se percibe en todos la paz de los libros aunque entre sus hojas la barbarie coexista con otros espantos del ayer y del presente.


¿Habrá soñado este edén, en su primer arribo a Lisboa en 1977, ese hombre de ojeras profundas que nació y murió en Querétaro en un arco de tiempo que va del 1 de abril de 1938 al 23 de enero de 2005? Habrá que dialogar con él, a través de sus versos más memorables, o bien con esa urna de caoba que conservó sus cenizas antes de que las arrojaran a aguas portuguesas como fue su último deseo y que está resguarda en un cubículo que condensa su universo creativo porque, amén de que aquí están algunos de sus libros predilectos -antología de Maqroll El Gaviero del colombiano Álvaro Mutis (Alfaguara), Los quemados de Zoe Oldenberg (Edhasa) y Carta de rumbos de Jorge Ruiz Dueñas, ese poeta mexicano que no se cansa de cantar el lento nado de las ballenas mexicanas-, también refulgen las condecoraciones literarias que recibió por traducir al español la obra del poeta portugués Fernando Pessoa.
Tampoco faltan en este santuario poético  manuscritos varios con su inconfundible caligrafía y personalísimos objetos personales como los son lentes, oscuros sacos de tweed, equipo de cómputo y portafolios que evocan su formación inicial como abogado.

A ti, minuto pasado,
Puedo confiarte el secreto
Que guardo tras de mi peto,
A todas vistas, velado.

Del poema «Farol de la calle» del libro Regimiento de nieblas

De Cervantes hay tantas leyendas literarias como una obra singular y memorable, ya que el poeta español Gonzalo de Berceo y la poesía medieval portuguesa nutren ese hálito poético y un ritmo al que se añaden agrias lamentaciones contemporáneas. De ahí su fama de cascarrabias que se sintetiza en una anécdota que era contada una y otra vez en los cenáculos literarios de Ciudad de México cada vez que se evocaba los temblores de septiembre de 1985 y donde el vate salvó la vida milagrosamente al caerse el céntrico hotel donde vivía y, al ser rescatado por un soldado, se indignó tanto que le llamaran «señor» y no «capitán» o algún grado militar mayor y le espetó a su salvador: -¡Usted es un cabo, así que cuádrese!
Y entre muinas y fervorosas lecturas escribió una obra –La materia del tributo (1968), Los varones señalados (1972), Cantado para nadie (1982), Heridas que se alternan (1985, una recopilación de sus libros anteriores), Los huesos peregrinos (1986), El canto del abismo (1987), El libro de Nicole (1992) y Regimiento de nieblas (1994), que en su conjunto es un viaje hacia los orígenes mismos de la lengua castellana cuando ésta estaba vinculada a la lusitana.

El mundo comienza ni termina/A partir de los augurios nuestros/ Nada somos, nada/ Es
el mundo;/ Mas entre tanta nada/Algo nace
.

Quien practique el turismo literario poético habrá de tomar la andadera plegable de cuatro puntos que está aquí, en el Centro Educativo y Cultural “Manuel Gómez Morín”, y enfilar con dirección al norte, hacia el Museo de la Ciudad de Querétaro (Allende e Hidalgo, Centro Histórico de Querétaro), donde antes estaba el convento de las monjas clarisas capuchinas, cuya edificación data de 1721, y contemplar su efigie a la entrada del recinto realizada por el colectivo ‘ill cubo creations’, el cual de la mano de William Nezme forjó una escultura donde se le ve orgulloso y triunfante con su bastón y un minino fiel y querendón a la entrada del museo donde impartió varios talleres literarios y despechaba, en un privado contiguo a la dirección que aún ocupa Gabriel Hörner García, quien fue decisivo, al lado del arquitecto Antonio Loyola Vera, para que en el CEC “Manuel Gómez Morín” se renombrara su biblioteca y se incluyeran en ella algunas pertenencias de un poeta tras una puerta de cristal que sostiene un sinceramiento cervantino la poesía es un sustituto de lo que no pude tener, si renuncio a ella qué me queda.
La suya es una poesía vibrante y reveladora que se puede leer en el poema «Cantando para nadie»:

«La cólera, el silencio,
Su alta arboladura
Te dieron este invierno.
Más óyete en tu lengua:
Acaso el castellano,
No es seguro.
Canciones de otros siglos si canciones,
Dolores los que tienen todos, aun aquellos
-Los más- mejores que tú mismo.
Y es bueno todo: el vino, la comida,
En la calle los insultos
Y en la noche tales sueños.
¿A dónde regresar si solo evocas?
¿Amor? Digamos que entendiste y aun digamos
Que tal cariño te fue dado.
Pero ni entonces ni aun menos ahora
Te importó la comprensión que nos buscaste
Y es claro que no tienes,
Bien es verdad que no sólo a ti te falta.
La ira, el improperio,
Los bajos sentimientos
Te dieron este canto. «

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